¿Te imaginas una economía basada en valores como la confianza, la cooperación, la democracia o la solidaridad? Esto es, entre otras cosas, la base de la Economía del Bien Común (EBCco), un modelo económico alternativo que entiende la Economía como un proceso participativo y democrático donde las personas suman esfuerzos y reman juntas para conseguir el bien común.
Desde luego que no es ni el mejor modelo económico, ni representa el final de los demás. Simplemente, representa una alternativa económica más que válida y a menudo desconocida. Vamos a conocer un poco más sobre este modelo, sus bases, cómo funciona y cómo puede cambiar nuestras vidas.
¿Qué es el Bien Común?
Es aquello que aumenta el bienestar y la felicidad de todas las personas de una comunidad. Cuando hablamos de Bien Común, hablamos de libertad, de autonomía, de poder de decidir cómo quiero vivir y cómo quiero relacionarme con mi entorno, de construir juntos un entorno favorable y relaciones interpersonales positivas. El Bien Común debería ser el objetivo último de cualquier organización social, y es, en esencia, el objetivo último de la Economía del Bien Común.
Alguien podría pensar.. ¿Pero no se supone que la Economía actual aumenta ya el Bien Común? En teoría sí, pero ya sabes como funcionan los “en teoría”… Se supone que la producción y el intercambio de bienes y servicios es en pos del bienestar de las personas. Pero entre tu y yo, ¿crees que el objetivo último de esos intercambios es tu bienestar y el mío? ¿o es posible que únicamente se muevan por intereses económicos? No hace falta responder.
El sistema económico actual favorece la acumulación de capital, la competición, el control, la maximización de beneficios a costa de todo,… Ahora todo se mide en términos económicos y de posesión. ¿Cuánto dinero tienes en el banco? ¿Cuántos coches tienes? ¿Muchos? Enhorabuena, eres una persona exitosa y feliz. Espera, ¿feliz? Como personas capitalistas que somos, nos han enseñado a medir el nivel de las personas con su riqueza (en términos económicos y materiales), el de las empresas con su balance económico y el de un país por su PIB (Producto Interior Bruto). El PIB es el índice de referencia que indica el nivel de bienestar de la sociedad. Pero ya te avanzo que no, ni mucho menos indica el bienestar de la sociedad. Que un país genere riqueza y produzca mucho no es proporcional al nivel de bienestar de su población.
Ni mucho menos. Este indicador no incluye factores como recursos naturales, infraestructuras, actividades ilegales o la economía sumergida, que desgraciadamente en España tiene una importancia considerable. Generalmente se considera positivo que un país tenga un PIB positivo o en crecimiento y viceversa si se contrae. Se supone que las naciones con un PIB más elevado gozan de un mayor nivel de bienestar. ¿Pero realmente crees que eso está relacionado?
Para nada. En realidad, el PIB cada vez está más cuestionado como medidas de la calidad de vida de un país. Osea que si un país genera mucho dinero, ¿todos sus habitantes están felices? La respuesta es evidente. De echo, la ONU lleva más de 30 años utilizando el IDH (Índice de Desarrollo Humano) que además de tener en cuenta la riqueza, también considera otros aspectos como la salud y la educación.
El PIB no tiene en cuenta si lo que compramos realmente nos hace más felices o nos ata al consumismo, si las empresas esclavizan a las personas para conseguir su beneficio o si el producto de un estado proviene de la guerra o la destrucción de la naturaleza.
Entonces, ¿por qué seguimos fijándonos en este valor como indicador clave si realmente no tiene en cuenta a las personas?. Una muy buena pregunta que espero podamos seguir debatiendo y hacer llegar al resto de la población.
¿Cómo nace la Economía del Bien Común?
Esta corriente de pensamiento nace de la mano de Christian Felber. En 2008 realizó un estudio donde exponía sus ideas sobre los valores en la economía en su libro Neue Werte für die Wirstschaft, Eine Alternative zu Kommunismus und Kapitalismus. Pero no fue hasta dos años más tarde cuando sus ideas empezaron a coger relevancia. En octubre de 2010, un grupo de austríacos tras leer su libro, decidieron llevar a la práctica las ideas propuestas por Christian, y construyeron una matriz para explicarlo. Con esto la sociedad tendría una herramienta para tratar de forma igual a los que aportan por igual al bien común y de recompensar a aquellas empresas que más favorecen al bien común con distintos mecanismos legislativos: disminución del impuesto de sociedades y de los aranceles, preferencias en licitaciones públicas y en programas de I+D, etc.
La Economía del Bien Común, y su corriente de pensamiento, se basa en que las actividades económicas deben buscar los intereses generales y el Bien Común. Alejarse de la búsqueda del dinero y del beneficio económico como único fin para buscar el beneficio de la mayoría. En este sentido, la Economía debe centrarse en conseguir el bienestar y la calidad de vida de la gran mayoría de las personas.
A pesar de ser Christina Felber, el creador y autor material de la Economía del Bien Común, podemos remontarnos a los años 383-322 a.c donde Aristóteles ya introdujo un concepto similar que años más tarde supondría una auténtica revolución. En su obra “Política”, el primer estudio sistemático de la Economía, ya calificó de “contra natura” toda forma de Economía basada únicamente en “ganar dinero”. En contraposición a todo a esa forma de Economía, definió el “bien equitativo”, beneficioso para la sociedad. Aristóteles planteaba esta alternativa donde intentar conseguir un buen comercio para hacer posible el “buen vivir” de la sociedad.
¿Qué propone la Economía del Bien Común?
Establecer un modelo económico alternativo, sostenible y que realmente mida y favorezca lo más importante: el Bien Común. Un modelo donde los principios básicos sean la colaboración y el beneficio mutuo, y donde el dinero no sea un fin, sino un medio.
¿Cómo conseguirlo?
Haciendo que las empresas busquen además de tener buenos resultados económicos, se comprometan a respetar cuatro aspectos fundamentales:
- La Dignidad Humana
- La solidaridad y la Justicia
- La Sostenibilidad Medioambiental
- La Transparencia y la Participación Democrática.
En este sentido, las empresas que mejor cumplan estos cuatro valores tendrán una ventaja competitiva en esta Economía. Para ello las empresas calculan su Balance del Bien Común. A través de la Matriz del Bien Común, se mide y se puntúa la contribución de las empresas al Bien Común, la satisfacción de las necesidades humanas y la felicidad de las personas. Con ello queda claro cómo de justas, sostenibles y transparentes son. Además, los productos/servicios reciben una etiqueta EBC con su correspondiente puntuación del Bien Común. De esta manera, los consumidores pueden tomar decisiones realmente informados sobre los productos/servicios que adquieren y la contribución de esa empresa al BC.
De hecho, todas estas políticas y regulaciones proporcionan ventajas a las empresas que forman parte de la Economía del Bien Común. El Gobierno a través de impuestos, incentivos y otras medidas, ayudan a las empresas con buena contribución al BC a ofrecer mejores precios y ser más competitivas en el mercado.
Llegados a este punto, queremos dejar claro algo. La Economía del Bien Común no propone que las empresas dejen de buscar beneficios. La empresa tiene que ser rentable, pero en lugar de que su fin sea maximizar el beneficio, su finalidad se reorienta al aumento del bien común de la sociedad, contribuyendo a que todas las personas podamos satisfacer nuestras necesidades. Su viabilidad económica es sólo un medio para desarrollar su verdadero fin: servir al bien común.
Desde Ecomon Academy creemos firmemente que la Economía del Bien Común es el siguiente paso hacia un futuro más sostenible, justo y democrático y por eso queremos aportar nuestro granito de arena para conseguirlo. Ser un ejemplo para el cambio.
Si os apetece leer más al respecto podréis encontrar más información en https://economiadelbiencomun.org/ o en el libro “La Economía del Bien Común” de Christian Felber.

